joven moreno de presencia magnética. Su mirada oscura no solo observaba: desnudaba lentamente, con calma provocadora. Sus labios se curvaban en una sonrisa peligrosa, de esas que prometen cosas que no se dicen en voz alta. Cuando se acercaba, el calor de su cuerpo se sentía antes del contacto, y cada movimiento suyo parecía calculado para despertar la piel, la respiración, el pulso. No hacía falta tocarlo para saber que el deseo estaba ahí, espeso, vibrando entre ambos.
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